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LA VIDA SIGUE EN CAMINO

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La  Vida no se para, porque pararse significa dejar de latir y, en consecuencia, morir. La Vida sigue, sigue porque importa, porque es un derecho que todos tenemos y porque por y con la vida alcanzamos la verdadera Vida, la que dentro de cada uno de nosotros sentimos que nunca muere.

Si no puedes asistir, camina la marcha con tus oraciones.



Salvador Pérez Alayón
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La  Vida no se para, porque pararse significa dejar de latir y, en consecuencia, morir. La Vida sigue, sigue porque importa, porque es un derecho que todos tenemos y porque por y con la vida alcanzamos la verdadera Vida, la que dentro de cada uno de nosotros sentimos que nunca muere.

Si no puedes asistir, camina la marcha con tus oraciones.



Salvador Pérez Alayón
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SÍ, LA VIDA ES IMPORTANTE, PERO AHORA TU VOTO TIENE MAYOR IMPORTANCIA


Sin lugar a duda que la vida es lo más importante. Pero la vida es INTERRUMPIDA cada día porque los señores políticos, que quizás tú les has dado tu voto, lo deciden así. Por eso, tú voto y el mío cobra ahora mayor importancia, y debemos meditarlo mucho y depositarlo en aquello que defiendan la vida.

Y la cuestión es encontrarlo, porque los hay. Yo he votado, años pasados, a AES (Alternativa española), un partido que llevaba en su programa la defensa de la familia y la vida. No lo he oído por ahora, quizás porque no han llegado a estar representados en el Parlamento español, porque los católicos se han dormido y han dado sus votos, o a ninguno, o a los del P.P. Y estos no la defienden como ya hemos visto.

Es posible que el voto resulte inútil, pero eso es solo apariencias, porque de haberlo hecho ya, hoy tomarían algunos partidos medidas para rescatar el voto de los creyentes, que somos muchos. Pero, posiblemente, no somos coherente con nuestra fe. ¿Qué nos pasa? Nuestro voto puede cambiar la ley del aborto, sólo tiene que aparecer.

En el programa de 13 Tv. he oído a Santiago Abascal, del partido VOX que ellos en su programa defienden la vida. Pues le pedimos que nos lo expliquen, y que se personen en la marcha del 14M del domingo en Madrid. Allí pueden ganar muchos votos.

Pero hay que decírselos e invitarlos a la marcha. A ellos y a todos los partidos que defiendan la vida. Y esforzarnos en unirnos porque la familia y la vida es lo más importante. No podemos ser creyentes y actuar como si no lo fuéramos.



Salvador Pérez Alayón
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Sin lugar a duda que la vida es lo más importante. Pero la vida es INTERRUMPIDA cada día porque los señores políticos, que quizás tú les has dado tu voto, lo deciden así. Por eso, tú voto y el mío cobra ahora mayor importancia, y debemos meditarlo mucho y depositarlo en aquello que defiendan la vida.

Y la cuestión es encontrarlo, porque los hay. Yo he votado, años pasados, a AES (Alternativa española), un partido que llevaba en su programa la defensa de la familia y la vida. No lo he oído por ahora, quizás porque no han llegado a estar representados en el Parlamento español, porque los católicos se han dormido y han dado sus votos, o a ninguno, o a los del P.P. Y estos no la defienden como ya hemos visto.

Es posible que el voto resulte inútil, pero eso es solo apariencias, porque de haberlo hecho ya, hoy tomarían algunos partidos medidas para rescatar el voto de los creyentes, que somos muchos. Pero, posiblemente, no somos coherente con nuestra fe. ¿Qué nos pasa? Nuestro voto puede cambiar la ley del aborto, sólo tiene que aparecer.

En el programa de 13 Tv. he oído a Santiago Abascal, del partido VOX que ellos en su programa defienden la vida. Pues le pedimos que nos lo expliquen, y que se personen en la marcha del 14M del domingo en Madrid. Allí pueden ganar muchos votos.

Pero hay que decírselos e invitarlos a la marcha. A ellos y a todos los partidos que defiendan la vida. Y esforzarnos en unirnos porque la familia y la vida es lo más importante. No podemos ser creyentes y actuar como si no lo fuéramos.



Salvador Pérez Alayón
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EL MES DE MARZO, EL MES DE SAN JOSÉ (II)

El 19 de marzo de 2013, el recién elegido Papa Francisco pronunció su primera y riquísima homilía sobre san José, de la que comenté algunos aspectos en la entrega anterior y ahora quiero seguir comentándola. 
San José no ha sido el amo y señor, sino el custodio del patrimonio, recibido de Dios: Jesús y María. Y los ha sabido custodiar de una manera admirable, porque ha sabido escuchar en cada momento la voz de Dios y se ha dejado dirigir de la mano del Señor en todo. Si Dios le habla en sueños es porque sabe que José está siempre dispuesto a escucharle y por eso ha sido siempre sensibilísimo a las personas que el Padre del cielo le ha confiado. Ha sabido leer con realismo los signos de los tiempos, y ha sabido estar siempre atento a las personas a él confiadas, tomando así las decisiones más sabias. 
En el padre virginal de Jesús, en san José encontramos y descubrimos el modelo de cómo responder a la vocación y a la llamada de Dios, descubrimos las dos cualidades indispensables para responder a la voz de Dios, cuando habla: disponibilidad y presteza. En la llamada para que vaya a Egipto le dice el Señor por el ángel: José, toma a tu mujer y a su hijo y vete a Egipto porque Herodes anda buscándole para matarlo. Se lo dice de noche, en sueños, pero es muy grave lo que le dice, vale la vida del hijo que la suya propia, y sin pérdida de tiempo, sin esperar al amanecer los despierta, lo prepara todo de prisa y se ponen en camino del destierro. 
La prerrogativa principal del obrar de san José fue poner toda su vida al cuidado de su hijo. Se olvidó de sí mismo, de sus proyectos personales, de sus aspiraciones humanas y ha puesto en el centro de todos sus planes el bien de Jesús, Y así nos enseña a nosotros cómo custodiar al prójimo que vive con nosotros en casa, en el trabajo, en la vida ordinaria de cada día. 
El Papa toca otro punto de la misión de san José, aplicándoselo a sí mismo. San José es el modelo del poder, de la autoridad vividos como servicio. San José es el padre de Jesús por su matrimonio con María, es el esposo de María, la cabeza de la sagrada Familia, le colocó Dios al frente de su Familia. Pero él vive esta realidad como puro servicio. Tiene plena conciencia de que se le ha confiado la Familia de Dios no para ser servido sino para servir y lo vive con servicio amoroso y sacrificado. Dice san Juan Pablo II en la Redemptoris custos “San José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús, mediante el ejercicio de su paternidad, de este modo el coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ministro de la salvación. Ha hecho de su vida un servicio, un sacrificio” a Jesús; “al haber hecho uso de su autoridad legal que le correspondía sobre la Sagrada Familia para hacerle don total de sí, de sus vida y de su trabajo; al haber convertido su vocación humana al amor doméstico con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa” (RC 8). Para san José servir es reinar. 
Recuerda el Papa que ha iniciado su ministerio papal en la fiesta de san José y en íntima unión con ella. Este ministerio comporta también poder, pero no debemos olvidar que el verdadero poder es el servicio – la oración dominical y ferial XXVI del tiempo ordinario litúrgico comienza: “Oh Dios,  que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia”- y el Papa debe ejercer su poder en el servicio, que tiene su culmen en la muerte  en la cruz: no he venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por todos (Mt 20,28); debe poner los ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe de san José y como él abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres  y necesitados, a los más humildes, a los más pequeños.  
La figura de san José, como custodio de Jesús y de María, lo llena todo en la homilía del Papa. San José es el ideal de virtudes y actitudes que tenemos que ejercitar, como custodios que somos de todos los bienes de Dios, tales como bondad, ternura, amor, esperanza alegre y paciente, servicio permanente, acudiendo especialmente a los más pobres, a los más abandonados, a los más humildes, a los más desvalidos, a los pequeños.  Aprendamos estas virtudes en la escuela gratuita de san José y vivámoslas con entusiasmo en la vida de cada día.   
                                                         P. Román Llamas, ocd 


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El 19 de marzo de 2013, el recién elegido Papa Francisco pronunció su primera y riquísima homilía sobre san José, de la que comenté algunos aspectos en la entrega anterior y ahora quiero seguir comentándola. 
San José no ha sido el amo y señor, sino el custodio del patrimonio, recibido de Dios: Jesús y María. Y los ha sabido custodiar de una manera admirable, porque ha sabido escuchar en cada momento la voz de Dios y se ha dejado dirigir de la mano del Señor en todo. Si Dios le habla en sueños es porque sabe que José está siempre dispuesto a escucharle y por eso ha sido siempre sensibilísimo a las personas que el Padre del cielo le ha confiado. Ha sabido leer con realismo los signos de los tiempos, y ha sabido estar siempre atento a las personas a él confiadas, tomando así las decisiones más sabias. 
En el padre virginal de Jesús, en san José encontramos y descubrimos el modelo de cómo responder a la vocación y a la llamada de Dios, descubrimos las dos cualidades indispensables para responder a la voz de Dios, cuando habla: disponibilidad y presteza. En la llamada para que vaya a Egipto le dice el Señor por el ángel: José, toma a tu mujer y a su hijo y vete a Egipto porque Herodes anda buscándole para matarlo. Se lo dice de noche, en sueños, pero es muy grave lo que le dice, vale la vida del hijo que la suya propia, y sin pérdida de tiempo, sin esperar al amanecer los despierta, lo prepara todo de prisa y se ponen en camino del destierro. 
La prerrogativa principal del obrar de san José fue poner toda su vida al cuidado de su hijo. Se olvidó de sí mismo, de sus proyectos personales, de sus aspiraciones humanas y ha puesto en el centro de todos sus planes el bien de Jesús, Y así nos enseña a nosotros cómo custodiar al prójimo que vive con nosotros en casa, en el trabajo, en la vida ordinaria de cada día. 
El Papa toca otro punto de la misión de san José, aplicándoselo a sí mismo. San José es el modelo del poder, de la autoridad vividos como servicio. San José es el padre de Jesús por su matrimonio con María, es el esposo de María, la cabeza de la sagrada Familia, le colocó Dios al frente de su Familia. Pero él vive esta realidad como puro servicio. Tiene plena conciencia de que se le ha confiado la Familia de Dios no para ser servido sino para servir y lo vive con servicio amoroso y sacrificado. Dice san Juan Pablo II en la Redemptoris custos “San José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús, mediante el ejercicio de su paternidad, de este modo el coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ministro de la salvación. Ha hecho de su vida un servicio, un sacrificio” a Jesús; “al haber hecho uso de su autoridad legal que le correspondía sobre la Sagrada Familia para hacerle don total de sí, de sus vida y de su trabajo; al haber convertido su vocación humana al amor doméstico con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa” (RC 8). Para san José servir es reinar. 
Recuerda el Papa que ha iniciado su ministerio papal en la fiesta de san José y en íntima unión con ella. Este ministerio comporta también poder, pero no debemos olvidar que el verdadero poder es el servicio – la oración dominical y ferial XXVI del tiempo ordinario litúrgico comienza: “Oh Dios,  que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia”- y el Papa debe ejercer su poder en el servicio, que tiene su culmen en la muerte  en la cruz: no he venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por todos (Mt 20,28); debe poner los ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe de san José y como él abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres  y necesitados, a los más humildes, a los más pequeños.  
La figura de san José, como custodio de Jesús y de María, lo llena todo en la homilía del Papa. San José es el ideal de virtudes y actitudes que tenemos que ejercitar, como custodios que somos de todos los bienes de Dios, tales como bondad, ternura, amor, esperanza alegre y paciente, servicio permanente, acudiendo especialmente a los más pobres, a los más abandonados, a los más humildes, a los más desvalidos, a los pequeños.  Aprendamos estas virtudes en la escuela gratuita de san José y vivámoslas con entusiasmo en la vida de cada día.   
                                                         P. Román Llamas, ocd 


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QUIÉN MATA NO DUERME TRANQUILO

14 de marzo


No pasa nada, como quien se toma un café, cuando se ha matado o al menos intentado matar a alguien. Incluso, si cabe, con mayor gravedad, si se trata de un ser inocente nacido ya en el seno de su madre. La huella del mal hecho queda grabada a fuego en la conciencia del presunto asesino.

Porque, ¡sí pasa!, es un asesinato y un asesinato premeditado y pensado, porque un aborto no se hace sin antes prepararlo. Salvo aquellos abortos, que ocurren de forma natural y sin quererlo. Eso ya se entiende.

Sucede que nuestra conciencia está hecha para buscar el bien y, por supuesto, para amar, y cuando hacemos algo contrario a ella, nos advierte expresando su disconformidad. De modo que, cuando hemos matado nos advertirá que hemos obrado mal, y eso nos remuerde y no nos deja en paz.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Lo quieras o no admitir, y tu corazón busca el bien, a pesar de que la cizaña del mal cohabite también en él por el pecado, y luche para inclinarte al mal. Pero cuando lo haces, tu conciencia te reprime y te advierte de tu mala acción. Matar es algo que no está escrito en el corazón del hombre, porque el hombre siente primero el amor, pero el pecado le puede vencer e inclinarlo a matar.

El aborto es un crimen y sí, importa mucho. El catorce de marzo, las familias van a salir a la calle para dejar escapar ese grito en defensa de la Vida. Una vida a la que tienen derecho todos los hombres desde que son concebidos en el seno de sus madres.



Salvador Pérez Alayón
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14 de marzo


No pasa nada, como quien se toma un café, cuando se ha matado o al menos intentado matar a alguien. Incluso, si cabe, con mayor gravedad, si se trata de un ser inocente nacido ya en el seno de su madre. La huella del mal hecho queda grabada a fuego en la conciencia del presunto asesino.

Porque, ¡sí pasa!, es un asesinato y un asesinato premeditado y pensado, porque un aborto no se hace sin antes prepararlo. Salvo aquellos abortos, que ocurren de forma natural y sin quererlo. Eso ya se entiende.

Sucede que nuestra conciencia está hecha para buscar el bien y, por supuesto, para amar, y cuando hacemos algo contrario a ella, nos advierte expresando su disconformidad. De modo que, cuando hemos matado nos advertirá que hemos obrado mal, y eso nos remuerde y no nos deja en paz.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Lo quieras o no admitir, y tu corazón busca el bien, a pesar de que la cizaña del mal cohabite también en él por el pecado, y luche para inclinarte al mal. Pero cuando lo haces, tu conciencia te reprime y te advierte de tu mala acción. Matar es algo que no está escrito en el corazón del hombre, porque el hombre siente primero el amor, pero el pecado le puede vencer e inclinarlo a matar.

El aborto es un crimen y sí, importa mucho. El catorce de marzo, las familias van a salir a la calle para dejar escapar ese grito en defensa de la Vida. Una vida a la que tienen derecho todos los hombres desde que son concebidos en el seno de sus madres.



Salvador Pérez Alayón
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MES DE MARZO: SAN JOSÉ



            Siempre el mes de marzo ha sido un mes rico de sucesos: un cofre de esperanzas. En el mes de marzo se abre la estación primaveral, cae el equinoccio de primavera, el día 21: San José, esposo de María, iguala las noches con los días. Algún año se celebra en marzo la Pascua del Señor y cada año celebramos gozosamente la Fiesta de la Encarnación del Verbo de Dios en el seno de la Virgen María, el día 25 de marzo.
            Y, sobre todo, en el mes de marzo, unos días antes de la Encarnación, la Iglesia católica ha celebrado y celebra con gozo  la solemnidad de San José, proclamado Patrono de la misma Iglesia por el Beato Pío IX el día 8 de diciembre de 1870, Patrono de los seminarios, Padre de todos e Intercesor universal. Todo el mes de marzo está dedicado a la memoria, amor y devoción a san José con ejercicios piadosos, como el de los siete dolores y gozo de san José en los siete domingos que preceden a su fiesta, tres de los cuales caen en le mes de marzo, la solemne novena en su honor y los personales de cada devoto josefino.
            Hace ahora dos años el día 13 de marzo tuvo lugar la elección del Papa Francisco para presidir y dirigir la Iglesia católica, que en su escudo lleva junto a la estrella: María la flor del nardo: San José, expresión de su amor a una y a otro, porque María y José son inseparables. Dios los unió en un matrimonio singular y ejemplarísimo.
            Es muy significativo que el Papa Francisco haya querido iniciar oficialmente su ministerio pastoral, petrino de Sumo Pontífice justamente en la solemnidad de san José.
En esa ocasión el Papa Francisco, “Obispo de Roma, venido de los confines del mundo” ha proclamado a san José, en la homilía preciosa de la misa, padre solícito y marido amoroso que se ha dedicado con generoso empeño a educar y cuidar de Jesús y todavía hoy “custodia y protege a su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen María, su esposa, es figura y modelo”.
            En esta bella homilía el Papa ha recalcado la misión de san José                                                                                                                                                                                                de Custodio de Jesús y María y se ha explayado sobre el estilo con el que ha ejercido este inestimable ministerio que el Señor le ha encomendado.
            San José desempeña esta inestimable misión con discreción y humildad, en silencio, pero con una presencia constante y continua y una fidelidad total, aunque a veces no comprende. En la niñez y juventud de Jesús les acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, en los momentos serenos d la vida y en los difíciles, como el del viaje a Belén para empadronarse, según el mandato del Emperador de Roma, en las horas temblorosa y gozosas del nacimiento de Jesús, en los momentos dramáticos de la huida y estancia en Egipto, los tres día de la afanosa y dolorosísima búsqueda del Niño perdido en Jerusalén, y luego en la vida cotidiana en su casa y taller de carpintero de Nazaret. San José solo vive para Jesús y María
            Y todo este cuidado y custodia lo vive y ejerce con bondad y ternura, dos condiciones indispensables de la verdadera custodia. Custodiar estos dos preciosos tesoros, Jesús y María, los mejores que tiene Dios en todos los sentidos, no podía san José llevarlo a cabo sin mucha bondad y ternura. En el Evangelio san José aparece como el hombre fuerte, trabajador, constante, pero en su alma se percibe una gran ternura que no es virtud de débiles sino de fuertes: denota fortaleza de ánimo, capacidad de atención, de compasión entrañable, de total apertura y dedicación al otro, de dulce amor. No debemos tener miedo a la bondad y a la ternura, dice el Papa, ya que esta es la condición de Dios: tu misericordia y tu ternura son eternas (Sal 25,8). Dios es tierno, clemente y justo (Sal 112,4).Clemente y compasivo es el Señor, lento a la cólera y rico en misericordia, bueno es Yahvé para con todos, sus ternuras sobre todas sus obras (Sal  145,8)..
El mes de marzo es el mes de san José. Él solo da un realce especial a este mes. Es también el mes de sus devotos para que explayen en él toda su ternura, devoción y amor al santo Patriarca “en los servicios y en la imitación” (Santa Tersa) de sus virtudes sencillas, evangélicas, pero fuertes y heroicas.


                                   P. Román Llamas, ocd
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            Siempre el mes de marzo ha sido un mes rico de sucesos: un cofre de esperanzas. En el mes de marzo se abre la estación primaveral, cae el equinoccio de primavera, el día 21: San José, esposo de María, iguala las noches con los días. Algún año se celebra en marzo la Pascua del Señor y cada año celebramos gozosamente la Fiesta de la Encarnación del Verbo de Dios en el seno de la Virgen María, el día 25 de marzo.
            Y, sobre todo, en el mes de marzo, unos días antes de la Encarnación, la Iglesia católica ha celebrado y celebra con gozo  la solemnidad de San José, proclamado Patrono de la misma Iglesia por el Beato Pío IX el día 8 de diciembre de 1870, Patrono de los seminarios, Padre de todos e Intercesor universal. Todo el mes de marzo está dedicado a la memoria, amor y devoción a san José con ejercicios piadosos, como el de los siete dolores y gozo de san José en los siete domingos que preceden a su fiesta, tres de los cuales caen en le mes de marzo, la solemne novena en su honor y los personales de cada devoto josefino.
            Hace ahora dos años el día 13 de marzo tuvo lugar la elección del Papa Francisco para presidir y dirigir la Iglesia católica, que en su escudo lleva junto a la estrella: María la flor del nardo: San José, expresión de su amor a una y a otro, porque María y José son inseparables. Dios los unió en un matrimonio singular y ejemplarísimo.
            Es muy significativo que el Papa Francisco haya querido iniciar oficialmente su ministerio pastoral, petrino de Sumo Pontífice justamente en la solemnidad de san José.
En esa ocasión el Papa Francisco, “Obispo de Roma, venido de los confines del mundo” ha proclamado a san José, en la homilía preciosa de la misa, padre solícito y marido amoroso que se ha dedicado con generoso empeño a educar y cuidar de Jesús y todavía hoy “custodia y protege a su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen María, su esposa, es figura y modelo”.
            En esta bella homilía el Papa ha recalcado la misión de san José                                                                                                                                                                                                de Custodio de Jesús y María y se ha explayado sobre el estilo con el que ha ejercido este inestimable ministerio que el Señor le ha encomendado.
            San José desempeña esta inestimable misión con discreción y humildad, en silencio, pero con una presencia constante y continua y una fidelidad total, aunque a veces no comprende. En la niñez y juventud de Jesús les acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, en los momentos serenos d la vida y en los difíciles, como el del viaje a Belén para empadronarse, según el mandato del Emperador de Roma, en las horas temblorosa y gozosas del nacimiento de Jesús, en los momentos dramáticos de la huida y estancia en Egipto, los tres día de la afanosa y dolorosísima búsqueda del Niño perdido en Jerusalén, y luego en la vida cotidiana en su casa y taller de carpintero de Nazaret. San José solo vive para Jesús y María
            Y todo este cuidado y custodia lo vive y ejerce con bondad y ternura, dos condiciones indispensables de la verdadera custodia. Custodiar estos dos preciosos tesoros, Jesús y María, los mejores que tiene Dios en todos los sentidos, no podía san José llevarlo a cabo sin mucha bondad y ternura. En el Evangelio san José aparece como el hombre fuerte, trabajador, constante, pero en su alma se percibe una gran ternura que no es virtud de débiles sino de fuertes: denota fortaleza de ánimo, capacidad de atención, de compasión entrañable, de total apertura y dedicación al otro, de dulce amor. No debemos tener miedo a la bondad y a la ternura, dice el Papa, ya que esta es la condición de Dios: tu misericordia y tu ternura son eternas (Sal 25,8). Dios es tierno, clemente y justo (Sal 112,4).Clemente y compasivo es el Señor, lento a la cólera y rico en misericordia, bueno es Yahvé para con todos, sus ternuras sobre todas sus obras (Sal  145,8)..
El mes de marzo es el mes de san José. Él solo da un realce especial a este mes. Es también el mes de sus devotos para que explayen en él toda su ternura, devoción y amor al santo Patriarca “en los servicios y en la imitación” (Santa Tersa) de sus virtudes sencillas, evangélicas, pero fuertes y heroicas.


                                   P. Román Llamas, ocd
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