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Personajes de la pasión: Dimas y Longinos

Dimas es el nombre con el que se venera en la Iglesia al Buen Ladrón; uno de los dos que condenaron y crucificaron con Jesús, uno a cada lado, para situarlo entre delincuentes, el mal ladrón recibe el nombre de Gesta. 

Dimas es el que se convirtió estando en la cruz y le dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Y Jesús le contestó: “En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. El nombre Dimas, del griego dysmê, crepúsculo, no aparece en los evangelios, si lo hace en el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en el Evangelio árabe de la infancia

San Anselmo recoge la leyenda que se forjó sobre el Buen Ladró, en donde se cuenta que había nacido en Egipto y que era un salteador de caminos, y que, habiendo matado a su padre, era salteador de caminos, actuando en la región por donde pasó la Sagrada Familia en su huida a Egipto.

Dimas detuvo a María y José, que iban con el Niño. Al verles Dimas tan pobres y apurados, y conmovido por la belleza de la Virgen, no sólo no les quitó nada, sino que les proveyó para el largo camino. 

La cruz en que murió, se conservó largo tiempo en la isla de Chipre; el travesaño está en Roma, en la iglesia de la Santa Cruz. 

En el Triunfo de Tiziano y en el Juicio de Miguel Ángel, ocupa lugar preferente el Buen Ladrón. Está representado también en una vidriera de la catedral de Bourges.

Longinos

Los evangelios nos cuenta que “uno de los soldados atravesó con una lanza el costado de Jesús, y en seguida salió sangre y agua”. (Evangelio de San Juan, 19, 34). También nos dicen que el centurión que mandaba la guardia al oír el último grito de Jesús en la cruz exclamo, “verdaderamente éste era hijo de Dios” (evangelio de San Marcos, 15, 39). Una antigua tradición, vinculada a Cesarea de Capadocia, une al soldado que traspasa el corazón de Cristo y al centurión, dándole el nombre de Longino y haciéndole oriundo de Sandrales en Capadocia. 

Para el Martirio legendario griego en la persona de Longino coincidiría también el capitán que mandaba la guardia que custodiaba la tumba de Jesús. En esta misma línea el Martirologio romano conmemora, 16 de octubre, a Longino como el centurión, o capitán de la guardia, y el soldado que traspasó el corazón de Cristo

El nombre de Longino, que procede de la palabra griega longke, lanza, no figura en el evangelio de San Juan, sino en el evangelio apócrifo de Nicodemo, también conocido como Hechos de Pilatos, en el que, además, se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas. La piedad cristiana ha intentando crear o recrear la figura de Longino, resultado de la fusión de dos personajes de la narración del Calvario, el lancero y el centurio. Así tenemos que la Revelación a Ana Catalina Emmerich obre Longino, recogiendo tradiciones medievales, la Leyenda Dorada, nos dice que el centurión era un joven de unos 25 años de edad, un poco débil y nervioso, que tenia problemas graves de la vista. La mayoría de los soldados se burlaban de el, al verlo tan débil físicamente. El fue iluminado por la gracia de Dios, para sentir compasión de las santas mujeres que se encontraban presente al pie de la Cruz, que sufrían pensando que Jesús todavía estaba vivo sufriendo dolores espantosos. Longino quería mostrarles, que Jesús estaba realmente muerto, para que se tranquilizaran, y consolarlas un poco.

Sin darse cuenta fue instrumento, para que la profecía se cumpliera. Busco una lanza que estaba cerca y con ella traspaso el costado de Nuestro Señor. Llego a traspasar su Corazón físico.

Según los evangelios apócrifos, Longino, cuando sacó la lanza del costado de Cristo, fue rociado por él agua y la sangre que brotaron del costado del Señor, lo cual fue visto como una gracia similar a la del Bautismo. Gracia y salvación entraron en el alma de Longino. En este momento se arrodillo pidiendo perdón en público por sus pecados, proclamando que creía en la Divinidad de Jesús. Longino fue sanado de la enfermedad de sus ojos, y empezó a ver perfectamente. 

Longino, que traspasó el corazón de Jesús y fue sanado y convertido, dejó el ejército, se fue a Capadocia, donde predicó el evangelio y donde habría sido el primer obispos, siendo martirizado por la fe bajo Bajo Pilato (Tradición griega recogida por San Gregorio de Nisa).

Al hecho de haber sido curada su enfermedad de la vista por el agua y la sangre del costado de Cristo se le ha dado un valor simbólico. Longino estaría representando a los paganos que abrieron sus ojos a la luz de la fe, en contraposición a Stephaton, el portaesponja que encarnaría a los judíos que se obstinan en el error y no reconocen en Cristo al Mesías.


Javier de la Cruz
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Dimas es el nombre con el que se venera en la Iglesia al Buen Ladrón; uno de los dos que condenaron y crucificaron con Jesús, uno a cada lado, para situarlo entre delincuentes, el mal ladrón recibe el nombre de Gesta. 

Dimas es el que se convirtió estando en la cruz y le dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Y Jesús le contestó: “En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. El nombre Dimas, del griego dysmê, crepúsculo, no aparece en los evangelios, si lo hace en el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en el Evangelio árabe de la infancia

San Anselmo recoge la leyenda que se forjó sobre el Buen Ladró, en donde se cuenta que había nacido en Egipto y que era un salteador de caminos, y que, habiendo matado a su padre, era salteador de caminos, actuando en la región por donde pasó la Sagrada Familia en su huida a Egipto.

Dimas detuvo a María y José, que iban con el Niño. Al verles Dimas tan pobres y apurados, y conmovido por la belleza de la Virgen, no sólo no les quitó nada, sino que les proveyó para el largo camino. 

La cruz en que murió, se conservó largo tiempo en la isla de Chipre; el travesaño está en Roma, en la iglesia de la Santa Cruz. 

En el Triunfo de Tiziano y en el Juicio de Miguel Ángel, ocupa lugar preferente el Buen Ladrón. Está representado también en una vidriera de la catedral de Bourges.

Longinos

Los evangelios nos cuenta que “uno de los soldados atravesó con una lanza el costado de Jesús, y en seguida salió sangre y agua”. (Evangelio de San Juan, 19, 34). También nos dicen que el centurión que mandaba la guardia al oír el último grito de Jesús en la cruz exclamo, “verdaderamente éste era hijo de Dios” (evangelio de San Marcos, 15, 39). Una antigua tradición, vinculada a Cesarea de Capadocia, une al soldado que traspasa el corazón de Cristo y al centurión, dándole el nombre de Longino y haciéndole oriundo de Sandrales en Capadocia. 

Para el Martirio legendario griego en la persona de Longino coincidiría también el capitán que mandaba la guardia que custodiaba la tumba de Jesús. En esta misma línea el Martirologio romano conmemora, 16 de octubre, a Longino como el centurión, o capitán de la guardia, y el soldado que traspasó el corazón de Cristo

El nombre de Longino, que procede de la palabra griega longke, lanza, no figura en el evangelio de San Juan, sino en el evangelio apócrifo de Nicodemo, también conocido como Hechos de Pilatos, en el que, además, se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas. La piedad cristiana ha intentando crear o recrear la figura de Longino, resultado de la fusión de dos personajes de la narración del Calvario, el lancero y el centurio. Así tenemos que la Revelación a Ana Catalina Emmerich obre Longino, recogiendo tradiciones medievales, la Leyenda Dorada, nos dice que el centurión era un joven de unos 25 años de edad, un poco débil y nervioso, que tenia problemas graves de la vista. La mayoría de los soldados se burlaban de el, al verlo tan débil físicamente. El fue iluminado por la gracia de Dios, para sentir compasión de las santas mujeres que se encontraban presente al pie de la Cruz, que sufrían pensando que Jesús todavía estaba vivo sufriendo dolores espantosos. Longino quería mostrarles, que Jesús estaba realmente muerto, para que se tranquilizaran, y consolarlas un poco.

Sin darse cuenta fue instrumento, para que la profecía se cumpliera. Busco una lanza que estaba cerca y con ella traspaso el costado de Nuestro Señor. Llego a traspasar su Corazón físico.

Según los evangelios apócrifos, Longino, cuando sacó la lanza del costado de Cristo, fue rociado por él agua y la sangre que brotaron del costado del Señor, lo cual fue visto como una gracia similar a la del Bautismo. Gracia y salvación entraron en el alma de Longino. En este momento se arrodillo pidiendo perdón en público por sus pecados, proclamando que creía en la Divinidad de Jesús. Longino fue sanado de la enfermedad de sus ojos, y empezó a ver perfectamente. 

Longino, que traspasó el corazón de Jesús y fue sanado y convertido, dejó el ejército, se fue a Capadocia, donde predicó el evangelio y donde habría sido el primer obispos, siendo martirizado por la fe bajo Bajo Pilato (Tradición griega recogida por San Gregorio de Nisa).

Al hecho de haber sido curada su enfermedad de la vista por el agua y la sangre del costado de Cristo se le ha dado un valor simbólico. Longino estaría representando a los paganos que abrieron sus ojos a la luz de la fe, en contraposición a Stephaton, el portaesponja que encarnaría a los judíos que se obstinan en el error y no reconocen en Cristo al Mesías.


Javier de la Cruz
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SAN JOSÉ ESCUCHADOR DE LA PALABRA DE DIOS

Si la Cuaresma es el tiempo aceptable y apto para escuchar la Palabra de Dios, la Semana Santa lo es de una manera especial. Y es que es el tiempo en el que la Palabra de Dios habla con más fuerza, con más capacidad de transformar los corazones. La Palabra de Dios que habla es Jesucristo, y lo es especialmente en esta semana santa, porque la Palabra de Dios no habla solo con palabras, habla, sobre todo, con hechos con las acciones de su vida y ¿Qué acciones podemos encontrar que hablen con más elocuencia, vehemencia y persuasión que los hechos de su sacratísima y horrorosa  pasión, culminadas con la muerte en la cruz por amor, que no hay mayor amor que ese? ¡Cómo nos golpean estas palabras de Dios por medio de su Hijo Jesucristo! Escucharlas, acogerlas con amor para vivirlas es nuestra salvación y santificación
            Y el modelo para escuchar la Palabra de Dios, después de su esposa María, es San José. No sería imprudente ni ligero pensar que Jesús, cuando dice que más bien bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la viven, tenía en mente a su Madre María y a su padre san José. Realmente San José es un modelo de  escuchar la Palabra de Dios. San José, sin duda, ha leído y meditado la escena del pequeño Samuel: Habla, Señor, que tu siervo escucha (1Sam 3,11) y la hizo lema de su vida. San José es un hombre escuchador de la Palabra de Dios en silencio. La escucha y la acoge, porque en la terminología bíblica escuchar significa y entraña acoger, obedecer, hacer suya en la vida y como principio y norma de su conducta la Palabra de Dios. (Rom 5,19): Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero (Sal 118,105).
San José está siempre en actitud de escucha. Vive su vida al hilo de la palabra de Dios, de la llamada del Señor. El emperador romano  promulga un edicto en el que manda que todo varón judío tiene que empadronarse en su ciudad de origen. San José se adelanta a lo que dirá más tarde San Pablo: “someteos en todo a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no venga de Dios” (Rom 13,1), y obedece la orden del emperador porque ve en ella las llamada de Dios, y con su esposa María se pone en camino hacia Belén, la casa del pan, donde ha heredado y detenta algunas posesiones. San José escucha en la orden del emperador romano la palabra de Dios.
Veámosle una vez más en la prueba de la noche oscura cuando vio a su esposa esperando un hijo sin saber de donde venía. Su actitud en esta prueba es la que dice el salmo: Si el afligido me pide yo lo escucho. Afligidísimo, pone toda su confianza en Dios. Y en su angustia le repite: Habla Señor, que tu siervo escucha y el Señor que no se hace esperar lo escuchó y le libró de sus angustias: José, hijo de David, no temas tomar a María tu esposa en tu casa. Y José, al instante, acogió  a María con el fruto que llevaba en su vientre.. Se hizo gozosamente cargo de ellos, y desde ese momento su misión es servir a la madre y al niño que nacerá de ella. Consagra totalmente su vida a esta misión salvadora porque así se lo ha dicho el Señor.  
A poco de nacer el Niño Herodes le busca para matarlo. El Señor avisa a San José en sueños para que lo salve huyendo a Egipto. Sin pérdida de tiempo, lo prepara todo,.toma a la madre y al niño y se pone en camino a una nación extranjera, sin otra luz ni guía sino la que en su corazón ardía, confiándolo todo gozosamente a la providencia de Dios Padre. Él proveerá. Y Dios proveyó. Pues todo salió  a pedir de boca,.tanto a la ida como en la estancia larga en Egipto. No hay nada mejor que escuchar y acoger la palabra de Dios, prestarle el obsequio de la fe pura y entera que, como dice San Juan de la Cruz, enamora la mismo Dios (CE 31,3).
Después de un tiempo largo de estancia en Egipto el Señor le avisa por medio del ángel que puede volver a la tierra de Israel y la Sagrada Familia vuelve gozosa y alegre porque vuelve a su tierra y a su pueblo. La alegría de establecerse de nuevo en Belén se vio turbada al enterrarse que en Judea, donde se asienta Belén, reina Arquelao, hijo de Herodes  y tan cruel como su padre, y advertido por el ángel se dirige a Nazaret, en la región de Galilea, donde se establece y monta su taller de carpintería. Se hizo vecino de Nazaret, donde había vivido anteriormente al nacimiento de Jesús y de donde partió para empadronarse en Belén (Lc 2,39) para que allí naciese Jesús..
Cuando sus padres  encuentran a sufijo Jesús en el templo en medio de los doctores y la madre le dice ¿Por qué has hecho así cono nosotros? Mira que tu padre y yo angustiadísimos te buscábamos, y el les responde:. No sabíais que tengo que estar en las cosas de mi Padre? Ellos no comprendieron nada, pero acogieron la palabra del Hijo y la guardaron en su corazón. José y María meditaban en su corazón  no solo las palabras que comprendían sino también las que no entendían. Lámpara es tu palabra para mis pasos- Y el no entenderlo (unas palabras del Cantar de los Cantares) es para ella un gran regalo, porque las cosas de Dios que no se entienden le hacen tener más respeto a su Dios que las entiende fácilmente. (Santa Teresa).
Sobre todo José escucha la Palabra de Dios en su convivir diario con Jesús. Él es la Palabra de Dios. Y José escucha esa Palabra en sus palabras y en sus coacciones que ve todos los días. Y ante las que más de una vez debió quedar maravillado, sin comprender su actuar, pero sabiendo que eran las  acciones del que viene a salvar a su pueblo de sus pecados.
Muchas veces debía quedar pasmado ante las palabras misteriosas que escuchaba de la boca Jesús y ante las acciones sorprendentes que veía en su. comportamiento. Fueron muchos los años que convivieron en Nazaret en una familiaridad y amistad muy íntima.
San José sigue siendo el escuchador incansable de sus devotos. Baste recordar el caso de santa Teresa , su mayor devota, a la que siempre escuchó en sus peticiones  y en su dialogar por amor con él..  


                                               P. Román Llamas ocd
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Si la Cuaresma es el tiempo aceptable y apto para escuchar la Palabra de Dios, la Semana Santa lo es de una manera especial. Y es que es el tiempo en el que la Palabra de Dios habla con más fuerza, con más capacidad de transformar los corazones. La Palabra de Dios que habla es Jesucristo, y lo es especialmente en esta semana santa, porque la Palabra de Dios no habla solo con palabras, habla, sobre todo, con hechos con las acciones de su vida y ¿Qué acciones podemos encontrar que hablen con más elocuencia, vehemencia y persuasión que los hechos de su sacratísima y horrorosa  pasión, culminadas con la muerte en la cruz por amor, que no hay mayor amor que ese? ¡Cómo nos golpean estas palabras de Dios por medio de su Hijo Jesucristo! Escucharlas, acogerlas con amor para vivirlas es nuestra salvación y santificación
            Y el modelo para escuchar la Palabra de Dios, después de su esposa María, es San José. No sería imprudente ni ligero pensar que Jesús, cuando dice que más bien bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la viven, tenía en mente a su Madre María y a su padre san José. Realmente San José es un modelo de  escuchar la Palabra de Dios. San José, sin duda, ha leído y meditado la escena del pequeño Samuel: Habla, Señor, que tu siervo escucha (1Sam 3,11) y la hizo lema de su vida. San José es un hombre escuchador de la Palabra de Dios en silencio. La escucha y la acoge, porque en la terminología bíblica escuchar significa y entraña acoger, obedecer, hacer suya en la vida y como principio y norma de su conducta la Palabra de Dios. (Rom 5,19): Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero (Sal 118,105).
San José está siempre en actitud de escucha. Vive su vida al hilo de la palabra de Dios, de la llamada del Señor. El emperador romano  promulga un edicto en el que manda que todo varón judío tiene que empadronarse en su ciudad de origen. San José se adelanta a lo que dirá más tarde San Pablo: “someteos en todo a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no venga de Dios” (Rom 13,1), y obedece la orden del emperador porque ve en ella las llamada de Dios, y con su esposa María se pone en camino hacia Belén, la casa del pan, donde ha heredado y detenta algunas posesiones. San José escucha en la orden del emperador romano la palabra de Dios.
Veámosle una vez más en la prueba de la noche oscura cuando vio a su esposa esperando un hijo sin saber de donde venía. Su actitud en esta prueba es la que dice el salmo: Si el afligido me pide yo lo escucho. Afligidísimo, pone toda su confianza en Dios. Y en su angustia le repite: Habla Señor, que tu siervo escucha y el Señor que no se hace esperar lo escuchó y le libró de sus angustias: José, hijo de David, no temas tomar a María tu esposa en tu casa. Y José, al instante, acogió  a María con el fruto que llevaba en su vientre.. Se hizo gozosamente cargo de ellos, y desde ese momento su misión es servir a la madre y al niño que nacerá de ella. Consagra totalmente su vida a esta misión salvadora porque así se lo ha dicho el Señor.  
A poco de nacer el Niño Herodes le busca para matarlo. El Señor avisa a San José en sueños para que lo salve huyendo a Egipto. Sin pérdida de tiempo, lo prepara todo,.toma a la madre y al niño y se pone en camino a una nación extranjera, sin otra luz ni guía sino la que en su corazón ardía, confiándolo todo gozosamente a la providencia de Dios Padre. Él proveerá. Y Dios proveyó. Pues todo salió  a pedir de boca,.tanto a la ida como en la estancia larga en Egipto. No hay nada mejor que escuchar y acoger la palabra de Dios, prestarle el obsequio de la fe pura y entera que, como dice San Juan de la Cruz, enamora la mismo Dios (CE 31,3).
Después de un tiempo largo de estancia en Egipto el Señor le avisa por medio del ángel que puede volver a la tierra de Israel y la Sagrada Familia vuelve gozosa y alegre porque vuelve a su tierra y a su pueblo. La alegría de establecerse de nuevo en Belén se vio turbada al enterrarse que en Judea, donde se asienta Belén, reina Arquelao, hijo de Herodes  y tan cruel como su padre, y advertido por el ángel se dirige a Nazaret, en la región de Galilea, donde se establece y monta su taller de carpintería. Se hizo vecino de Nazaret, donde había vivido anteriormente al nacimiento de Jesús y de donde partió para empadronarse en Belén (Lc 2,39) para que allí naciese Jesús..
Cuando sus padres  encuentran a sufijo Jesús en el templo en medio de los doctores y la madre le dice ¿Por qué has hecho así cono nosotros? Mira que tu padre y yo angustiadísimos te buscábamos, y el les responde:. No sabíais que tengo que estar en las cosas de mi Padre? Ellos no comprendieron nada, pero acogieron la palabra del Hijo y la guardaron en su corazón. José y María meditaban en su corazón  no solo las palabras que comprendían sino también las que no entendían. Lámpara es tu palabra para mis pasos- Y el no entenderlo (unas palabras del Cantar de los Cantares) es para ella un gran regalo, porque las cosas de Dios que no se entienden le hacen tener más respeto a su Dios que las entiende fácilmente. (Santa Teresa).
Sobre todo José escucha la Palabra de Dios en su convivir diario con Jesús. Él es la Palabra de Dios. Y José escucha esa Palabra en sus palabras y en sus coacciones que ve todos los días. Y ante las que más de una vez debió quedar maravillado, sin comprender su actuar, pero sabiendo que eran las  acciones del que viene a salvar a su pueblo de sus pecados.
Muchas veces debía quedar pasmado ante las palabras misteriosas que escuchaba de la boca Jesús y ante las acciones sorprendentes que veía en su. comportamiento. Fueron muchos los años que convivieron en Nazaret en una familiaridad y amistad muy íntima.
San José sigue siendo el escuchador incansable de sus devotos. Baste recordar el caso de santa Teresa , su mayor devota, a la que siempre escuchó en sus peticiones  y en su dialogar por amor con él..  


                                               P. Román Llamas ocd
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¿Quién es San Ponciano?


El “Liber Pontificalis” (ed. Duchesne, I, 145) dice que  Nació en Roma. Elegido el 28.VIII.230, murió el 28.IX.235. Ordenó el canto de los Salmos y la recitación del confiteor Deo antes de morir y el uso del saludo Dominus v obiscum. Deportado y condenado a las minas en Serdeña. Murió de sufrimientos en la isla de Tavolara.  y que su padre se llamaba Calpurnio. Con él comienza la breve crónica de los obispos romanos del siglo III, de la cual hizo uso el autor del Catálogo Liberiano de los Papas en el siglo IV y que da información más exacta sobre la vida de los Papas. Según este relato Ponciano fue electo Papa el 21 de julio de 230 y reinó hasta el 235. El cisma de Hipólito continuó durante su episcopado; hacia el final de su pontificado hubo una reconciliación entre el partido cismático y su líder con el obispo romano. Después de la condena de Orígenes en Alejandría (231-2), se celebró en Roma un sínodo, de acuerdo a San Jerónimo (Epist. XXXII, IV) y Rufino (Apol. contra Hieron., II, XX), que estuvo de acuerdo con las decisiones del sínodo alejandrino contra Orígenes; sin duda este sínodo fue convocado por Ponciano (Hefele, Konziliengeschichte, 2nd ed., I, 106 sq.).


En 235, en el reinado de Maximino el Tracio comenzó una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia. Una de sus primeras víctimas fue Ponciano, quien con San Hipólito fue desterrado a la malsana isla de Cerdeña. Para hacer posible la elección de un nuevo Papa, Ponciano renunció el 28 de septiembre de 235, dice el Catálogo Liberiano “discinctus est”. Consecuentemente, Antero fue elegido en su lugar. Poco antes de esto o poco después Hipólito, quien había sido desterrado con Ponciano, llegó a reconciliarse con la Iglesia Romana, y con esto terminó el cisma que él había ocasionado. Se desconoce cuánto tiempo Ponciano soportó los sufrimientos del exilio y el duro trato en las minas de Cerdeña. De acuerdo con antiguos y ya inexistentes Actas de mártires, utilizadas por el autor del “Liber Pontificalis”, murió como consecuencia de las privaciones y el trato inhumano que había tenido que soportar.
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El “Liber Pontificalis” (ed. Duchesne, I, 145) dice que  Nació en Roma. Elegido el 28.VIII.230, murió el 28.IX.235. Ordenó el canto de los Salmos y la recitación del confiteor Deo antes de morir y el uso del saludo Dominus v obiscum. Deportado y condenado a las minas en Serdeña. Murió de sufrimientos en la isla de Tavolara.  y que su padre se llamaba Calpurnio. Con él comienza la breve crónica de los obispos romanos del siglo III, de la cual hizo uso el autor del Catálogo Liberiano de los Papas en el siglo IV y que da información más exacta sobre la vida de los Papas. Según este relato Ponciano fue electo Papa el 21 de julio de 230 y reinó hasta el 235. El cisma de Hipólito continuó durante su episcopado; hacia el final de su pontificado hubo una reconciliación entre el partido cismático y su líder con el obispo romano. Después de la condena de Orígenes en Alejandría (231-2), se celebró en Roma un sínodo, de acuerdo a San Jerónimo (Epist. XXXII, IV) y Rufino (Apol. contra Hieron., II, XX), que estuvo de acuerdo con las decisiones del sínodo alejandrino contra Orígenes; sin duda este sínodo fue convocado por Ponciano (Hefele, Konziliengeschichte, 2nd ed., I, 106 sq.).


En 235, en el reinado de Maximino el Tracio comenzó una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia. Una de sus primeras víctimas fue Ponciano, quien con San Hipólito fue desterrado a la malsana isla de Cerdeña. Para hacer posible la elección de un nuevo Papa, Ponciano renunció el 28 de septiembre de 235, dice el Catálogo Liberiano “discinctus est”. Consecuentemente, Antero fue elegido en su lugar. Poco antes de esto o poco después Hipólito, quien había sido desterrado con Ponciano, llegó a reconciliarse con la Iglesia Romana, y con esto terminó el cisma que él había ocasionado. Se desconoce cuánto tiempo Ponciano soportó los sufrimientos del exilio y el duro trato en las minas de Cerdeña. De acuerdo con antiguos y ya inexistentes Actas de mártires, utilizadas por el autor del “Liber Pontificalis”, murió como consecuencia de las privaciones y el trato inhumano que había tenido que soportar.
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El Abrazo de la Iglesia

“LA FAMILIA VISTA COMO UN ABRAZO IDEAL, ENTRE EL SÍNODO EXTRAORDINARIO DE OCTUBRE 2014 Y EL SÍNODO GENERAL DEL 2015. UN RECORRIDO ORIGINAL QUE VE IMPLICADOS E INTERPELADOS A TODOS LOS COMPONENTES ECLESIALES Y MÁS AÚN. EN LA ELECCIÓN DE LA FAMILIA, CON SUS DESAFÍOS INÉDITOS Y GRANDES RECURSOS, LA IGLESIA RESPIRA A PLENO PULMÓN, POR SÍ MISMA Y POR TODA LA HUMANIDAD” (Pontificio Consejo para la Familia)

La Iglesia siempre ha sido la custodia y defensora de la familia, en ella formamos una gran familia, la de los hijos de Dios, ella, la Iglesia es Madre y Maestra, Casa de Comunión. 

Todas estas definiciones las hemos escuchado una y otra vez en diferentes contextos pero siempre nos han dado esa seguridad de no caminar solos, de no andar a tientas sino siempre acompañados por la Iglesia que hoy en este año 2014, y 2015 centra toda su atención, todo su amor y preocupación por la familia, mi familia, tu familia, nuestra familia. 

Sabemos que en este momento de la historia, como nunca, la familia es atacada en sus cimientos y muchos caen en falsas concepciones de familia, a cualquier unión de cualquier tipo se le llama familia…. Y muchos se ven confundidos y en esa confusión llegan a distorsionar su vocación al matrimonio y a la formación de la familia. Es por eso tan importante que como creyentes seamos congruentes, que no vayamos poco a poco cediendo en errores, en visiones más o menos adaptadas para no quedar mal, para poder estar “a la altura” de tantas corrientes ideológicas que nos fumigan si levantamos la voz en defensa de la familia, de la vida, del matrimonio.

Podríamos hacernos un pequeño examen de conciencia de cómo vivimos nuestros criterios sobre la familia:

¿Qué actitudes tomo cuando se habla mal del matrimonio o se hacen malas bromas al respecto?

¿He distorsionado, desvalorizado la responsabilidad de educar a los hijos en los valores cristianos, y me conformo con los “valores” institucionales que no me comprometen?

¿Me parece normal y justificable que los jóvenes inicien su vida juntos sin unirse en matrimonio?

¿Me deja indiferente que las familias se alejen de la Iglesia?

Puedes agregar más preguntas a este pequeño examen de conciencia…..

Este año 2014 y luego el 2015 serán muy importantes para la familia. Estemos al pendiente de todo lo que en la Iglesia se nos anuncia, se nos propone, sobre todo busquemos como familia encontrar momentos de oración, de convivencia, de conversación sana que nos una y sepamos darnos apoyo y confianza unos a otros.


“EL EVANGELIO DE LA FAMILIA ES LA BUENA NOTICIA DEL AMOR DIVINO QUE ES PROCLAMADA A TODOS LOS QUE VIVEN ESTA FUNDAMENTAL EXPERIENCIA HUMANA PERSONAL, DE PAREJA Y DE COMUNIÓN ABIERTA AL DON DE LOS HIJOS, QUE ES LA COMUNIDAD FAMILIAR. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA SOBRE EL MATRIMONIO ES PRESENTADO Y OFRECIDO DE FORMA COMUNICATIVA Y EFICAZ, PARA QUE TOQUE LOS CORAZONES Y LOS TRANSFORME SEGÚN LA VOLUNTAD DE DIOS MANIFESTADA EN CRISTO JESÚS.” (Pontificio Consejo para la Familia)

Josefina Rojo
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“LA FAMILIA VISTA COMO UN ABRAZO IDEAL, ENTRE EL SÍNODO EXTRAORDINARIO DE OCTUBRE 2014 Y EL SÍNODO GENERAL DEL 2015. UN RECORRIDO ORIGINAL QUE VE IMPLICADOS E INTERPELADOS A TODOS LOS COMPONENTES ECLESIALES Y MÁS AÚN. EN LA ELECCIÓN DE LA FAMILIA, CON SUS DESAFÍOS INÉDITOS Y GRANDES RECURSOS, LA IGLESIA RESPIRA A PLENO PULMÓN, POR SÍ MISMA Y POR TODA LA HUMANIDAD” (Pontificio Consejo para la Familia)

La Iglesia siempre ha sido la custodia y defensora de la familia, en ella formamos una gran familia, la de los hijos de Dios, ella, la Iglesia es Madre y Maestra, Casa de Comunión. 

Todas estas definiciones las hemos escuchado una y otra vez en diferentes contextos pero siempre nos han dado esa seguridad de no caminar solos, de no andar a tientas sino siempre acompañados por la Iglesia que hoy en este año 2014, y 2015 centra toda su atención, todo su amor y preocupación por la familia, mi familia, tu familia, nuestra familia. 

Sabemos que en este momento de la historia, como nunca, la familia es atacada en sus cimientos y muchos caen en falsas concepciones de familia, a cualquier unión de cualquier tipo se le llama familia…. Y muchos se ven confundidos y en esa confusión llegan a distorsionar su vocación al matrimonio y a la formación de la familia. Es por eso tan importante que como creyentes seamos congruentes, que no vayamos poco a poco cediendo en errores, en visiones más o menos adaptadas para no quedar mal, para poder estar “a la altura” de tantas corrientes ideológicas que nos fumigan si levantamos la voz en defensa de la familia, de la vida, del matrimonio.

Podríamos hacernos un pequeño examen de conciencia de cómo vivimos nuestros criterios sobre la familia:

¿Qué actitudes tomo cuando se habla mal del matrimonio o se hacen malas bromas al respecto?

¿He distorsionado, desvalorizado la responsabilidad de educar a los hijos en los valores cristianos, y me conformo con los “valores” institucionales que no me comprometen?

¿Me parece normal y justificable que los jóvenes inicien su vida juntos sin unirse en matrimonio?

¿Me deja indiferente que las familias se alejen de la Iglesia?

Puedes agregar más preguntas a este pequeño examen de conciencia…..

Este año 2014 y luego el 2015 serán muy importantes para la familia. Estemos al pendiente de todo lo que en la Iglesia se nos anuncia, se nos propone, sobre todo busquemos como familia encontrar momentos de oración, de convivencia, de conversación sana que nos una y sepamos darnos apoyo y confianza unos a otros.


“EL EVANGELIO DE LA FAMILIA ES LA BUENA NOTICIA DEL AMOR DIVINO QUE ES PROCLAMADA A TODOS LOS QUE VIVEN ESTA FUNDAMENTAL EXPERIENCIA HUMANA PERSONAL, DE PAREJA Y DE COMUNIÓN ABIERTA AL DON DE LOS HIJOS, QUE ES LA COMUNIDAD FAMILIAR. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA SOBRE EL MATRIMONIO ES PRESENTADO Y OFRECIDO DE FORMA COMUNICATIVA Y EFICAZ, PARA QUE TOQUE LOS CORAZONES Y LOS TRANSFORME SEGÚN LA VOLUNTAD DE DIOS MANIFESTADA EN CRISTO JESÚS.” (Pontificio Consejo para la Familia)

Josefina Rojo
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La Señal de la Cruz

San Pablo en sus cartas hace contínuas alusiones a la cruz, ya como motivo de gloria para el cristiano, ya como emblema de la redención humana. En el libro del Apocalipsis se nos habla del signo con que fueron marcados los elegidos, con el siglo del Cordero, Cristo. En el catecismo se nos enseñaba que la señal del cristiano es la Santa Cruz, porque es el emblema de Cristo crucificado, que nos redimió en la Cruz. Y así ha sido desde los primeros tiempos del cristianismo. Ya a comienzos del siglo III un autor cristiano del norte de África, Tertuliano, reconocía que los cristianos utilizan el signo de la cruz en todo momento: A cada paso y a cada movimiento, cuantas veces entramos y salimos, al vestirnos o calzarnos, en el baño, en la mesa, al encender la lámpara, al acostarnos, al sentarnos, en cualquier cosa que nos empleemos, marcamos nuestras frentes con la señal de la cruz. Y a mediados del siglo III el obispo de Cartago, San Cipriano, animaba a los mártires diciéndole: Sea tu frente fortalecida, que la señal de Dios sea conservada intacta. San Cirilo, obispo de Jerusalén pedía sus feligreses: No nos avergoncemos, pues, de confesar al Crucificado. Sea la cruz nuestro sello, hecho por nuestros dedos, con resoluciones, sobre nuestra frente y sobre toda cosa; sobre el pan que comemos y las copas en que bebemos, en nuestras entradas y salidas, antes de nuestro sueño, al acostamos y le­vantárnos, cuando caminamos y cuando descansamos. El poeta hispano recomendaba que cuando el sueño te llame y te dirijas a tu casto lecho, la señal de,la cruz fortalezca tu frente y tu corazón. Como podemos ver, desde los primeros tiempos cristianos se usaba la cruz com,o signo de Cristo, al comienzo de todas las actividades: al salir y volver de casa, al comenzar a come, al retirarse a descansar.

A lo largo de la Edad Media los concilios diocesanos recomendaban a los sacerdotes que procuren que los muchachos de sus parroquias sepan la oración dominical, el Padrenuestro, el credo y la salutación a la Santísima Virgen, lo que hoy denominamos el Avemaría, y cómo se han de persignar debidamente.

El catecismo nos enseñaba que hay dos formas de usar la señal de la cruz que son signar y santiguar, y nos daba la explicación. Signarse es hacer tres cruces con el pulgar de la mano derecha; la primera en la frente; la segunda en los labios; la tercera en el pecho, hablando con Dios Nuestro Señor. Por el contrario santiguase es hacer una cruz con los dedos de la mano derecha de la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho, invocando a la Santísima Trinidad. Al santiguarse, ya desde los tiempos medievales, se le dio distintos significados, pero el más extendido es el trinitario: invocamos a la Stma. Trinidad con estas palabras: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, nombrando al Padre cuando tocamos la frente, al Hijo cuando tocamos el pecho y al Espíritu Santo cuando pasamos de un lado al otro. Al signarse o persignarse, el hacer una pequeña señal de la cruz, con el pulgar sobre frente, labios y pecho, con las palabras: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros + enemigos, líbranos, Señor + Dios nuestro, se le dio el significado de pedir la protección divina contra los enemigos del cristianos, como recoge uno de los catecismos o manuales de la doctrina cristiana, que aunque del siglo XVI ha sido muy popular hasta nuestro tiempos: Todo fiel cristiano-está muy obligado a tener devoción de todo corazón a la santa Cruz de Cristo nuestra Luz, pues en ella quiso morir-que nos redimir de la cautividad de nuestro pecado, Y del enemigo malo y por tanto, te has de acostumbrar a signar y santiguar haciendo tres cruces. La primera en la frente la, Porque nos libre Dios de los malos pensamientos. La segunda en la boca porque nos libre Dios de las malas palabra. La tercera en los pechos porque nos libre Dios de las malas obras y deseos.


Javier de la Cruz



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San Pablo en sus cartas hace contínuas alusiones a la cruz, ya como motivo de gloria para el cristiano, ya como emblema de la redención humana. En el libro del Apocalipsis se nos habla del signo con que fueron marcados los elegidos, con el siglo del Cordero, Cristo. En el catecismo se nos enseñaba que la señal del cristiano es la Santa Cruz, porque es el emblema de Cristo crucificado, que nos redimió en la Cruz. Y así ha sido desde los primeros tiempos del cristianismo. Ya a comienzos del siglo III un autor cristiano del norte de África, Tertuliano, reconocía que los cristianos utilizan el signo de la cruz en todo momento: A cada paso y a cada movimiento, cuantas veces entramos y salimos, al vestirnos o calzarnos, en el baño, en la mesa, al encender la lámpara, al acostarnos, al sentarnos, en cualquier cosa que nos empleemos, marcamos nuestras frentes con la señal de la cruz. Y a mediados del siglo III el obispo de Cartago, San Cipriano, animaba a los mártires diciéndole: Sea tu frente fortalecida, que la señal de Dios sea conservada intacta. San Cirilo, obispo de Jerusalén pedía sus feligreses: No nos avergoncemos, pues, de confesar al Crucificado. Sea la cruz nuestro sello, hecho por nuestros dedos, con resoluciones, sobre nuestra frente y sobre toda cosa; sobre el pan que comemos y las copas en que bebemos, en nuestras entradas y salidas, antes de nuestro sueño, al acostamos y le­vantárnos, cuando caminamos y cuando descansamos. El poeta hispano recomendaba que cuando el sueño te llame y te dirijas a tu casto lecho, la señal de,la cruz fortalezca tu frente y tu corazón. Como podemos ver, desde los primeros tiempos cristianos se usaba la cruz com,o signo de Cristo, al comienzo de todas las actividades: al salir y volver de casa, al comenzar a come, al retirarse a descansar.

A lo largo de la Edad Media los concilios diocesanos recomendaban a los sacerdotes que procuren que los muchachos de sus parroquias sepan la oración dominical, el Padrenuestro, el credo y la salutación a la Santísima Virgen, lo que hoy denominamos el Avemaría, y cómo se han de persignar debidamente.

El catecismo nos enseñaba que hay dos formas de usar la señal de la cruz que son signar y santiguar, y nos daba la explicación. Signarse es hacer tres cruces con el pulgar de la mano derecha; la primera en la frente; la segunda en los labios; la tercera en el pecho, hablando con Dios Nuestro Señor. Por el contrario santiguase es hacer una cruz con los dedos de la mano derecha de la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho, invocando a la Santísima Trinidad. Al santiguarse, ya desde los tiempos medievales, se le dio distintos significados, pero el más extendido es el trinitario: invocamos a la Stma. Trinidad con estas palabras: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, nombrando al Padre cuando tocamos la frente, al Hijo cuando tocamos el pecho y al Espíritu Santo cuando pasamos de un lado al otro. Al signarse o persignarse, el hacer una pequeña señal de la cruz, con el pulgar sobre frente, labios y pecho, con las palabras: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros + enemigos, líbranos, Señor + Dios nuestro, se le dio el significado de pedir la protección divina contra los enemigos del cristianos, como recoge uno de los catecismos o manuales de la doctrina cristiana, que aunque del siglo XVI ha sido muy popular hasta nuestro tiempos: Todo fiel cristiano-está muy obligado a tener devoción de todo corazón a la santa Cruz de Cristo nuestra Luz, pues en ella quiso morir-que nos redimir de la cautividad de nuestro pecado, Y del enemigo malo y por tanto, te has de acostumbrar a signar y santiguar haciendo tres cruces. La primera en la frente la, Porque nos libre Dios de los malos pensamientos. La segunda en la boca porque nos libre Dios de las malas palabra. La tercera en los pechos porque nos libre Dios de las malas obras y deseos.


Javier de la Cruz



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